Es curioso como, la evolución de las tecnologías supone, casi siempre, una evolución en las relaciones sociales. Tal vez no en lo básico, pues al final, seguimos siendo hombres y mujeres, con nuestras virtudes y nuestros defectos, pero sí en lo que se refiere a la comunicación en sí.
Lo que empezó con llamadas de teléfono, ha evolucionado a mensajes sms, a correos electrónicos, a mensajes en las redes sociales y, por supuesto, a conversaciones en los programas tipo messenger.
Sin embargo, este esquema evolutivo, nacido y criado en el ordenador, ha saltado desde las teclas y pantallas de nuestra casa a nuestros bolsillos, pudiendo estar en todo momento conectado desde cualquier lugar y rincón del mundo, y por tanto accesible a este tipo de comunicación más reciente.
Por ello, no es de extrañar a personas que chatean desde el autobús, en un descanso en el trabajo, dando un paseo por el parque o en las circunstancias más extrañas. Hoy, es posible saludar a cualquiera conectado en su messenger desde los sitios más insospechados, y con mayor frecuencia cada vez, se repite la pregunta a nuestro contacto “¿desde dónde te conectas?”.
Sin embargo, y de forma irónica, al final nada de esto importa pues ya sea a través de un teléfono, una pantalla de ordenador o un dispositivo móvil, lo que queda al otro lado es un ser humano, y pese a que en ocasiones nuestro comportamiento en un chat o sms es muy diferente al que tenemos en persona, lo cierto es que todo al final se reduce a sentimientos, sensaciones y relaciones personales.
Y en eso, no hemos avanzado nada tal vez, solo tal vez, porque no hay nada que avanzar y al final, somos seres humanos.