Hemos hablado en más de una, dos, y tres ocasiones, de las ventajas del Chat, de la importancia del mismo en las relaciones personales y de la necesidad de cuidar en él desde la ortografía hasta los contenidos de las conversaciones que tenemos con otras personas (conocidos o no).
Sin embargo, hoy toca referirse al aspecto más complicado y controvertido del mundo del chat: el tono de las palabras. Sí, en persona es sencillo saber cuándo una persona bromea, o cuándo está triste, alegre, cuándo es sincera o cuándo miente…
..sin embargo, si prescidimos del rostro, del tono, del lenguaje, y lo vestimos todo de letras y más letras…¿cómo saber en qué sentido y manera se está diciendo algo al otro lado de la pantalla?
Sí, para ello se inventaron los “emoticonos”, y hoy todo el mundo utiliza una carita feliz, un beso, o un gesto enfadado para transmitir o quitar hierro a la sequedad con la que a menudo se expresa este medio. Sin embargo, al final, uno nunca sabe si al otro lado el “jajaja” es una risa sincera o sí por el contrario, se trata de una expresión heca realizada sin el menor atisbo de emoción.
La solución, díficil dada la propia idiosincracia del medio. Tal vez sería bueno apelar a la bondad humana, a la sinceridad y lo más importante, a la claridad a la hora de decir, expresarse y sentir… por supuesto que hace falta una “carita” sonriente, o un “jajaja”… pero más importante es, y más falta hacer, que dichas expresiones vayan acompañas de sinceridad y honestidad.
Lo bueno del Chat es, a menudo, lo malo del chat. De nosotros depende en qué lo convirtamos.