Nada como la vida misma para confirmar los ejemplos que a menudo intentan sostener las tesis de artículos como este. A menudo hemos comentado la importancia del chat en nuestros días, las diferentes vertientes del mismo y, lo que es más importante, la universalización de algo que no hace demasiado tiempo parecía solo reservados a los más acérrimos internautas.
Hoy, el chat está presente en todo y todos, y con la inclusión de las redes sociales (y los chats que van apareciendo para ellas), el alcance del mismo y el uso que se realiza de los chats ha aumentado de manera fundamental, hasta tal punto que comienza a deparar situaciones realmente curiosas.
Hemos conocido hoy la noticia de un ladrón que tras entrar a robar en un piso, y mientras desvalijaba el contenido del hogar ajeno, encontró en su camino un ordenador encendido y no tuvo otra ocurrencia mejor (ni más apropiada para la justicia) que ponerse a chatear utilizando Facebook. Podría decirse, que la tentación a la notoriedad y la afición a las redes sociales se mezclaron para crear un cocktail letal.
Al parecer, el ladrón dejó tantos datos personales que fue muy sencillo a la policía atraparle al que, podría ser, irónicamente hablando uno de los primeros detenidos por su afición al chat y a facebook…